¿Se nos acabó el problema de la sequía?

Los pronósticos globales /regionales advierten un debilitamiento (casi neutralidad del Fenómeno del El Niño) para los tres primero meses del 2016 de temporada de lluvias en la región (Mayo, Junio, Julio). Con ello establecen además la transición desde ya hacia el Fenómeno La Niña.

La historia reciente respalda esta hipótesis, ya que los últimos tres episodios de El Niño fuertes, fueron la antesala a episodios de La Niña también fuertes, incluso en año subsiguiente se presenta un huracán intenso para la región, además estamos sobre el periodo de recurrencia, de que cada tres años un huracán Categoría 3 o superior impacte en la región centroamericana. Otro indicio es que las últimas tres temporadas de huracanes para la cuenca del atlántico estuvieron por debajo de la norma histórica. Con ello, quiero decir que las probabilidades de lluvias a partir del segundo subperiodo lluvioso son altamente probables. El conocimiento local, las predicciones de gente de campo, también lo están advirtiendo.

Desde mi punto de vista, 2016 podría romper el consecutivo de tres años de sequía meteorológica (precipitaciones muy por debajo de los rangos históricos en la mayoría de meses de invierno). Podría mejorar las condiciones de sequía agrícola, en tanto estaríamos en la capacidad de producir en la cosecha de primera (no con rendimientos óptimos), para reponer un poco el déficit de granos para consumo. Existe un problema fundamental para la próxima cosecha y es que por lo general la crisis de sequía de tres años provoca que pequeños productores tienden a descapitalizarse de su semilla.

Pero definitivamente lo que no logrará superarse en el corto plazo es la sequía hidrológica por dos motivos: el primero porque los déficit de lluvias de más de 40 meses fueron tan severos que necesitamos rangos de precipitación sostenidos para que los acuíferos se recuperen y segundo por las características actuales de la lluvia (intensas y en poco tiempo), lo cual no permite la infiltración ni la retención de humedad, por el contrario favorece la inundación súbita y la erosión acelerada de suelos.

Si bien es cierto, el comportamiento de esta temporada de lluvias podría minimizar un poco los riesgos por inseguridad alimentaria al permitir la posibilidad de cosechar al menos dos veces al año, situación que no se había dado en los tres últimos años. Sin embargo, viendo el problema a mediano y largo plazo, algunos escenarios climáticos (proyecciones), dan cuenta que es altamente probable que el ciclo de retorno de la sequía se acorte y se vuelva a presentar en el 2018, desde esta perspectiva podríamos estar resolviendo el plato de comida de hoy, pero está en riesgo el de mañana.

Esto quiere decir, que sin políticas públicas, planes, estrategias e inversiones de apoyo consistentes en el tiempo, será muy difícil que las poblaciones por si solas resuelvan su problema de inseguridad alimentaria. Por ahora, el grueso de esfuerzos de adaptación le son transferidos a las comunidades, lo cual nos parece incorrecto. El otro riesgo de la seguridad alimentaria no lo constituye el clima, sino las falsas soluciones al problema, como por ejemplo querer resolver a partir de la siembra de cultivos transgénicos o la disque agricultura climáticamente inteligente, como si el problema se tratase de cantidades y no de calidad de lo que comemos.

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